Ayer, mientras bailábamos y tu mano rozaba mi boca, el éxtasis me hizo cree que eras sublime. Justo cuando estabas un pasito más arriba que James Dean, me ofreciste a tu amigo. Otro gato con ojos azules, mucho más falso y con lengua filosa.
Tres gatos Durmiendo en un mismo sillón, una misma cama, en el suelo… Te daba igual.
La imagen de verme envuelta en un papel metalizado con un gran moño, me desintegró y fui polvo. Siempre polvo. Polvo que ensucia y contamina. Polvo que oculta lo ya contaminado.
Ya no creo en los gatos, ya no quiero usar moños. Y al igual que Milhouse, cada vez me preocupan más las pirañas.