Me olvidé de avisarte: tengo un sida que me está matando. Me consume minuto a minuto y me demuestra que la lentitud de tus pestañas cayendo sobre el párpado inferior implica mucho más que un simple pestañeo. Es el reflejo del tiempo, de cada segundo de aire que me queda. Aire que disfruto impregnandolo de humo, de cicatriz, de vida.
Ya me sale pus por los ojos, mis ojeras llegan al piso y no pienso en dormir. Tengo manchas, muchisimas manchas por todo el cuerpo. Creo que me estoy transformando en gato. Siempre la ilusión es más perfecta que la realidad.
Pero no te preocupes, no te hará nada, mi sida es más inofensivo que tu mirada despiadada.