Lo miré a los ojos y le dije: "sos muy clarito, demasiado blanquito. Todavia falta que te dibujen sombras, y no quiero ser yo la responsable de eso."
Noté la desilusión al mirarme. Tan clarito lo veía aun que no me animé a confesarle que si seriamos amigos jamás permitiría que otra lo haga por mi.
No volví a verlo. Hoy sigo aquí abriendo y cerrando las piernas como la boca de un pez.