Es la fiebre/ y el verde ya no es tan verde.
Es como esperar el 343 a las
3 de la madrugada,
como leer el horóscopo
de la revista del cable
un viernes a la noche,
como un vacío húmedo en el pecho,
con el plexo acurrucado,
temeroso
una nubosidad
variable
invadiendo ese hueco
que ni los Beatles
pueden llenar.
Son infinitas sístoles,
todas en fila, una tras
otra, atornillando el
alma.
Voy a morir de un
sistolaso agudo,
se los aseguro.