Morfologicamente, conejos.

Un conejo se disuelve en dos,
se despega de mi carne,
me obliga a seguirlo.
Plateado,
proyecta el futuro
inmediato,
oponiendose a las sombras,
el miedo, mi
soledad.
No soy yo quién decide.
Él es mi conejo mundano,
ficcionario de verdades.
Se desliza a través del cosmos,
tropieza ante cada roca.
Degusta las turbulencias del mundo.
Duplica las tristezas
y los placeres.

A veces llora, recordandome,
qué no estamos
solos,
qúe somos dos.
Un par que se multiplica,
en forma de conejo.